Las crisis vitales como la puerta del cambio
- Alexa Perez Salazar
- 13 oct 2025
- 2 Min. de lectura
A veces la vida se detiene. Todo lo que parecía estable se tambalea y sentimos que ya no encajamos donde antes lo hacíamos. Esas etapas que llamamos “crisis” suelen llegar sin pedir permiso: una pérdida, una ruptura, un cambio de trabajo, el fin de una etapa, una decisión que no esperábamos tener que tomar. Y aunque al principio parecen solo caos, muchas veces son el punto de partida de una transformación más profunda.
Una crisis no es sinónimo de fracaso ni de debilidad. Es un momento de desorganización temporal que ocurre cuando las estrategias que antes nos funcionaban ya no bastan para afrontar lo que estamos viviendo. Ese desajuste duele, porque nos obliga a mirar de frente lo que evitábamos, o a soltar lo que ya no tiene sentido. Pero justamente ahí, en ese vacío, se abre la posibilidad del cambio.
Aceptar una crisis implica permitirnos sentir sin juzgar lo que aparece: confusión, tristeza, enojo, miedo. No se trata de acelerar el proceso ni de “superarlo” rápido, sino de darnos espacio para escuchar qué está intentando decirnos esta etapa. Las terapias contextuales proponen ver el malestar como una señal, no como un enemigo: algo que puede guiarnos hacia una vida más alineada con nuestros valores, si lo enfrentamos con conciencia y apertura.
Las crisis pueden convertirse en un punto de inflexión. No porque todo se resuelva de inmediato, sino porque nos invitan a redefinir lo que queremos, a construir nuevas rutinas, o incluso a descubrir aspectos de nosotros mismos que no conocíamos. A veces, después del derrumbe, lo que renace es más auténtico, más propio.
En el fondo, cada crisis nos recuerda que el cambio es parte de estar vivos. Que no somos los mismos que hace un año, ni que hace un mes. Y que, aunque duela, hay algo profundamente humano en perder el equilibrio para volver a encontrarlo, de otra forma, en otro lugar.
Porque tal vez la crisis no es el fin de algo, sino el comienzo de una versión más consciente y más viva de nosotros mismos.
Psic. Katya Margarita Ruiz Villalobos
Comentarios